martes, 8 de febrero de 2011

Patio Chaucha

Desayunos con café express, sandwiches de miga, y el infaltable budín de dulce de leche tentación con semillas de amapola. Los pajaritos cantan, la vieja se levanta. Digamos que el té más que nada es una invitación a buenas charlas en el patio chaucha, hamaca paraguaya (o brasilera?¡), velitas en abundancia y mínimamente una cerveza bien fría. Los maníes en casa chaucha se están convirtiendo en un clásico, marca registrada. A la noche, por ahora la cocina está cerrada, el aire corre respetuoso haciendo mover las hojas de los edificios lindantes, shhhiuuu shiuuuu, responden sonando. Un rato de Bob Marley y los ánimos suben (no tan alto como quisiera) pasando a algún ochentoso, movido siempre, y después sale lo que sale. Cajón de verdulería paqueta dado vuelta y se arma la barra. Vasos grandes, mi Fernet y Catu trae Vodka.

El sábado temprano, después de un par de shisheos, media banana podrida y hoy una coca vacía. Cuando vendrá el huevazo???

Nunca mejor empleado, la envidia mata.

viernes, 4 de febrero de 2011

El campanario

Si cierro los ojos, y trato de imaginarme la Iglesia del Pilar por fuera, lo único que puedo ver es su campanario. Por más que intente, no puedo acordarme como son las puertas, ni si tiene ventanas, columnas o alguna figura en su fachada. Puedo pasarme mucho tiempo mirando el campanario, siento como si fuera todo mío. Me transporta. Casi puedo ver a mi tío Gabriel, trepando a escondidas algún mausoleo del cementerio de la recoleta con una cámara muy pro, sacando esa foto que tanto me dice. Esa foto, ese campanario, me lleva a mi familia, a mi tío que casi no conocí, al que si conocí, a Lala, mamá y a mi hermano Juanito. Porque, no lo sé, es como si estuviera construido de ladrillos y mi sangre española. Su arquitectura es española? Me apunto googlearlo. Me siento un ratito después de correr y siento que estoy unida a esas campanas. Que loco, que algo así pueda moverte tanto. Me hace pensar que hay tantas cosas que uno mira deliberadamente con tanto vacío, y que quizás significan otro tanto para algunas personas. Pertenecen. Quienquiera que me viese pensaría que estoy rezándole al cielo… y a veces lo hago..., pero son esas campanas que me llevan.